Plata regresó corriendo junto a su amigo mientras gemía aterrada. Luna, espada en alto, alejaba los tallos de la aterradora planta que se acercaba amenazante, al tiempo que escuchaba como otra llegaba por detrás. Plata aulló lamentándose por aquella muerte tan cruel e inesperada.
-Plata -dijo Luna entre esquives- Quiero que sepas que has sido como una hermana para mi
"Gracias, Luna" suspiró la voz de la loba en su mente "Yo también siento un fuerte aprecio por ti. Lástima que terminemos aqui" Volvió a aullar.
Se preparó Luna para embestir contra la planta, cuando esta se quedó paralizada. Todos sus tallos se detuvieron en el aire, permaneciendo rígidos por un segundo para caer después. La planta se desplomó sobre sí misma, dejando a la vista la sombra de una persona con los brazos extendidos hacia delante.
-¡Atrás! -amenazó Luna fijándola con su espada- ¡No me engañarás con tu apariencia humana!
-Tranquilo -respondió una chica alzando las manos- soy huamana de verdad.
"Dice la verdad" dijo Plata acercándose y olfateándola
-Está bien -bajó su espada- Gracias.
-Eso luego. Creo que antes deberíamos podar -señaló la otra planta que se acercaba lentamente por el extremo opuesto del callejón.
-¿Cómo has liquidado a esta? -preguntó listo para asestar el golpe mortal
-Acuchillé varias veces su bulbo -indicó dándole unos toquecitos con el pie- Parece ser que ahí está su punto débil.
-¡Adelante! -exclamó avalanzándose sobre ella
-¡Eh, espera!
Luna cargó sin escuchar a la chica que, al ver la temeridad del guardián, corrió para ayudarle. La planta atacó a Luna con todos sus tentáculos, logrando cogerle por el tobillo y levantándole varios metros en el aire. Una vez en alto, varios tallos más inmovilizaron el resto de las extremidades, haciendo que su espada cayese al suelo.
La recien llegada se apresuró a golpear con su puño el bulbo central, haciendo que la planta se agitase violentamente moviento a Luna, que gritaba aterrado, por encima de sus cabezas. Finalmente, el vegetal se desplomó en el suelo, dejando caer al chico con pesadez.
"Luna ¿estás bien?" preguntó Plata olfateándole "¿Te has hecho daño?"
-Me duelen los brazos, pero estoy bien -dijo acariciando el cuello de la loba
-¿Estás loco? -le regañó su salvadora- ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿No habías visto antes que son muy veloces?
-Es un detalle que no había percibido con eso de que había recorrido medio callejón en quince minutos.
-Sus raices son lentas porque tienen que engancharse al suelo -explicó- ¡Pero sus tallos son muy rápidos, escurridizos y traicioneros!
-Hablas como si conocieses este tipo de pantas -dijo malhumorado mientas recogía su espada y se erguía
-Observación, chico.
-Ya... ¿se puede saber quién eres? -preguntó irritado ante aquella sabelotodo
-Me llamo Sora, pero todos me llaman Nébula -se presentó- Acabo de llegar de Fikgler. Vine en cuanto me enteré de que había un asesino en serie en Dican.
-¡¿Nebula?! -preguntó Luna asombrado- ¿La famosa Nébula de Fikgler? -miró sus manos y fue cuando vio unos guantes de piel con dos gruesas cuchillas que sobresalían de la zona del dorso- ¡Sí que eres tú!
-¡Claro que soy yo! -replicó molesta ante aquella reacción- ¡¿Por qué no iba a serlo?! ¿Y tú quién eres?
-Oh, yo... -intentó recuperar la compostura y aparentar madurez- Yo soy Kogud, pero me llaman Luna y esta de aquí -señaló a la loba que permanecía sentada mirando a nébula con curiosidad- es Plata, mi compañera.
-¡Oh! -exclamó ligeramente- ¿Eres tú Luna?
-¡¿Me conoces?! -preguntó fascinado
-Sí, bueno... algo he oido de ti, pero te imaginaba más...
-¿Más...? -invitó a seguir
-Más -se encogió de hombros- En fin. ¿Dónde está Shim?
-¿Conoces a Shim?
-Oye, ¿vas a preguntarme por cada nombre que te diga?
-No, no... quiero decir que... es por allí, casi en el centro de la aldea. Vamos.
Caminaron presurosos viéndose obligados a detenerse en varias ocasiones para ayudar a vecinos que estaban siendo atacados por más plantas vivientes. En pocos minutos, Dican se había convertido en un hervidero en el que soldados, vecinos y gentes que habían llegado de fuera en los últimos días se enfrentaban a los monstruos atacantes que aparecían ocupando los cuerpos de los antiguos vecinos de la aldea, para después estallar en mil pedazos y mostrar su verdadera apariencia.
Luna se obligó a sí mismo aserenarse y actuar con frialdad y profesionalidad. No podía permitir que la gran Nébula de Fikgler le viese como un fracasado incapaz de cuidar de una aldea pequeña.
El nombre de Nébula era conocido en toda la comarca y no era una fama mal merecida. Al igual que Luna, Nébula participaba en asuntos que requerían investigación, observación y cuidado. Había recuperado la famosa estatuilla de oro del templo de Solok, había resuelto varios casos de asesinatos supuestamente imposibles y había cambiado toda una estrategia de guerra que dio la victoria en una batalla supuestamente perdida, entre otras muchas historias que circulaban en torno a ella. Algunos decían que se trataba de una maga poderosa. Otros que era una druida experta en artes oscuras y otros, simplemente, que era más lista que el hambre. Todas esas historias iban acompañadas por algun matiz que sacaba a relucir los famosos guantes de garras de Nébula que, cuando no liquidaban a un peligroso asesino, cortaban las ataduras que retenían a un niño preso.
Desde que escuchó las primeras historias de Nébula, Luna tuvo muy claro que él también querría ser un guardían de prestigio, cuyas historias y aventuras se contasen de boca a oido, recorriendo el mundo entero y haciendo soñar a mil personas al igual que Nébula.
Siempre que un mercader o viajero llegaba a Dican diciendo que llegaba o había pasado por Fikgler, Luna le asaltaba pidiéndole las últimas actividades de Nébula. Sentía hacia aquella persona, a la que no había visto en su vida, una mezcla de odio, envidia, amor y admiración y ahora estaba luchando a su lado.
-¡Plata! -llamó a la loba que ladraba con fiereza a las plantas en un vano intento de amedrentarlas- ¡Intenta llegar hasta Shim y asegúrate de que está a salvo!
-Quizá deberíamos ser nosotros quienes fuesemos hasta él -dijo Nébula rematando a su última planta- Tu loba es inútil frente a este enemigo
-Plata es demasiado lista -defendió Luna- Sabrá que hacer para ponerle a salvo sin necesidad deluchar
-Sí, ya lo he visto en el callejón... -se ajustó los guantes
-¡Eh,estábamos acorralados y nos habían pillado por sorpresa! -protestó enfadado
-Ese es el fallo, que a un guardian no se le debería pillar por sorpresa -dijo con malicia- Un guardian es quien debe pillar desprevenido a su adversario y detenerle antes de que pueda causar daños porque... -fue interrumpida por un destello blanco que la arrastró por el suelo a tiempo de evitar que un tallo de una planta recién llegada la atrapase.
Plata y Nébula rodaron por el suelo un par de metros, hasta que la loba se puso en pie y miró a Luna.
"Shim está con Kryed. Su casa está siendo defendida por él y otros soldados... unos diez. Me he fijado que todas las plantas van en esa dirección. Quizá deberíamos ir nosotros también"
-¡Genial Plata, buen trabajo! -sonrió el chico
-¿Hablas con ella? -preguntó Nébula devolviéndole a la planta el ataque traicionero
-Hem... no. Bueno, quiero decir... le doy órdenes, pero no hablamos. La felicitaba por salvarte.
-Ya...
-Creo que todas las plantas van hacia casa de Shim -"¡Eh!" protestó Plata en su cabeza- Creo que deberíamos ir hacia allí.
-Buena idea -afirmó- Así matamos dos pájaros de un tiro.
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