martes, 13 de abril de 2010

La maldición de Dican (2)

La nueva del soldado Kalek, a viva voz, había provocado un estallido de histeria entre el grupo de vecinos curiosos que se arremolinaban en torno a la casa del carpintero. Los más morbosos no perdieron el tiempo y se encaminaron a casa de Leonor dispuestos a husmear todo lo posible hasta que los soldados rodeasen el lugar.
-Luna, Plata -llamó Shim desde la puerta- será mejor que vayais... Yo me quedaré aquí con Matt ya que no espero encontrarme con nada nuevo...

Caminó lentamente hasta el banquillo de madera que había junto a la chimenea y se sentó con un profundo suspiro. Estaba realmente abatido y agotado.
-Shim, ¿estás bien? -preguntó Luna
-Siento que la vida de este pueblo se escapa entre mis dedos... -respondió mirando las brasas- Por favor, cuando vayas a casa de Leonor, dile a Kryed que ordene a cinco emisarios que vengan aqui.

Tal y como Shim había predicho, el estado de la mujer no era nada nuevo con respecto a las víctimas anteriores. Tras el registro del local, encontró un corazón de manzana cuyo olor también identificó Plata como "impuro" nada común en la fruta. Seguidamente, se hizo saber al pueblo que todos los alimentos podrían estar envenenados, por lo que se quemarían en grandes hogueras con el fin de evitar nuevas víctimas.
Por otro lado, Shim envió un emisario por cada aldea o ciudad cercana, pidiendo auxilio y caridad de alimentos para Dican, así como médicos y botánicos o herbólogos que pudiesen dar con un antídoto. Sin embargo, a pesar de que la llamada fue recibida con generosidad por parte de las comunidades vecinas, las muertes no cesaron.

Luna no dormía intentando atar cabos sobre las procedencias de los alimentos envenenados que, tan pronto aparecían en un guiso, como en un mendrugo de pan y todo de diferentes puntos de origen. Llegaban alimentos puros y envenenados de todas partes, lo que Shim atribuyó a que el asesino debía ser un vecino que se encontrase dentro de la aldea.

Se intentó descartar el mayor número de alimentos infectados dándoselos a oler a Plata, pero la loba no daba a basto. Aun así insistió en vivir con Luna y comprobar todo lo que comiese hasta que el asesino fuese descubierto. Mientras tanto, el cementerio de Dican crecía a un ritmo alarmante al tiempo que muchos de los vecinos cerraban sus casas tapiando puertas y ventanas para, después, marcharse de la aldea presas del pánico.

Fue una noche, volviendo de su ronda, cuando se dio cuenta de que Dican parecía un pueblo fantasma. Apenas había luz en las calles, ya que la mayoría de las casas estaban vacías y a oscuras, nadie caminaba por ellas y no salían voces y risas de la taberna, que permanecía muda con los tablones cegando sus puertas y ventanas.

Caminó presuroso con Plata a su lado deseando llegar cuanto antes a su casa y encender el fuego, en un vano intento de sentirse agusto en un ambiente hogareño y acogedor, pero su camino se vio interrumpido por un grito seco que salió de una de las calles colindantes.
Luna y Plata se apresuraron a llegar al lugar, para ver a un vecino paralizado en medio de la calle, aterrado ante la imagen que se mostraba frente a él. Leonor, la frutera, caminaba torpemente hacia él, emitiendo roncos sonidos guturales. Su mirada, si esque se le podía llamar así, se perdía en un horizonte inexistente, su piel, putrefacta, emitía un intenso hedor e iba dejando pequeños rastros de tierra.

Hombre y loba sintieron como sus cuerpos se petrificaban desobedientes al impulso de hacer algo para salvar al hombre que, al igual que ellos, estaba inmovil ante aquel suceso.
Leonor, si esque era ella, se abalanzó sobre el vecino, quien no pudo más que gritar aterrado. Pero su alarido fue apagado por una larga lengua que salió de la boca del cadáver viviente y penetró por la garganta de su víctima, quien comenzó a agitarse violentamente en un vano intento por escapar.
Su cuerpo de pronto estalló en sangre, cayendo con pesadez al suelo en medio de un gran charco que iba creciendo entre el empedrado.
-Ella... ella es la asesina... -murmuró Luna en un hilo de voz

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, desenvainó su espada y se enfrentó a ella.
-¡Leonor! -exclamó temblando de pies a cabeza- ¡Detente! ¿Por qué atacas a los vecinos de Dican?

La mujer, ignorando las palabras de Luna, se dirigió hacia él agitando su larga lengua de forma amenazante. Luna empuñó su arma con las dos manos dispuesto a defenderse aunque fuese una vecina de la aldea.
-¡Párate donde estás! -insistió- O me veré obligado a luchar contra ti.

La lengua salió disparada hacia él, que se echó a un lado esquivando el ataque y cortándola en el aire. El trozo seccionado cayó al suelo con un sonido desagradable, donde se retorció durante unos segundos antes de quedarse, finalmente, quieto. Leonor, furiosa, emitió un sonido gutural más fuerte. Luna interpretó una queja mezcla de ira y dolor.
"Luna, no es su lengua" dijo la voz de Plata en su cabeza
-¿Eh? -volvió a mirar el bulto del suelo, distinguiendo un tallo grueso, como de una parra o enredadera- ¿Qué diablos...?
"¡Luna, cuidado!"

Esquivó, por los pelos, un segundo ataque del tallo. Esta vez tuvo que echarse al suelo, por lo que no pudo cortar a su adversario. "Si esto es una planta, entonces dudo mucho que sean actos voluntarios de Leonor" pensó rodando por el suelo para ponerse en pie "¿Eso es bueno o malo?"

Sin sentir ningún remordimiento, corrió hacia la mujer, esquivando dos nuevos intentos de ser atrapado por la enredadera y descargando su espada contra ella en un tajo que cruzaba su cuerpo en diagonal de arriba a abajo.
El cuerpo cayó al suelo soltando sangre negra a borbotones, ante lo cual Plata giró la cabeza extrañada. "Es una mezcla... como de sangre y savia..." indicó olfateándola
-Vamos. Tenemos que avisar a Shim -dijo Luna presuroso- Ya hemos terminado con la asesina... aunque he de reconocer que nunca pensé que Leonor fuese una hechicera.
"Shim tendrá una respuesta para esto, seguro"

Luna envainó su espada y se dispuso a encaminarse a casa del anciano, cuando escuchó movimiento tras ellos. Se giró para comprobar como el cuerpo de la mujer se erguía de nuevo, solo que esta vez no se apoyaba en sus pies, si no en dos raíces que salían de debajo de su falda. De las mangas de su vestido empezaron a asomar nuevos tallos, semejantes a la enredadera de la boca. Estos iban creciendo cada vez más, provocando que el cuerpo adoptase extrañas poses, acompañadas de un continuo crugir de huesos que, seguramente, se estuviesen rompiendo y triturando. Una vez el cuerpo no pudo resistir más crecimiento, estalló dejando miembros, órganos y vísceras esparcidos por los alrededores. En su lugar, ahora, se erguía una extraña planta verde oscura, cubierta en su totalidad por una brillante mucosidad que se mezclaba con la sangre y las vísceras de su antiguo cuerpo.
Sus tallos y raices parecían salir de un punto común, un gran bulbo que latía en el centro de la planta y emanaba un desagradable olor.

Varios de sus tallos salieron disparados hacia Luna, quien, por acto reflejo, logró evitarlos y cortar dos de ellos. Plata agarró con sus dientes otro de ellos, pero lo soltó al momento haciendo extraños sonidos y lamiendo el barro del suelo.
"Cuidado, están envenenados" indicó en la mente de Luna
"¿Tú estás bien?" preguntó el chico sin perder de vista los tallos que volvían a la carga
"Sí, he tenido suerte de sentirlo a tiempo. No he tragado"
"Estupendo, porque te necesito viva"
"No puedo luchar contra esto... mis garras son inútiles"
"Ve a casa de Shim y apáñatelas para que te siga con la guardia"
"Haré lo que pueda"

Plata echó a correr, pero no llegó a doblar la esquina, si no que se detuvo emitiendo un gemido lastimero y aterrado. Seguidamente, Luna pudo ver como por el otro lado de la calle veía las sombras de más tallos acompañados por el sonido de huesos que crujían rompiéndose hasta el punto de no resistir más crecimiento. Seguidamente, un cuerpo estallaba expandiéndose por los alrededores. Estaban atrapados.